Zona productora de manzanas como lugar turístico
Mauricio Everardo Lopez García
Cuando tuve la oportunidad de llegar a Zacatlán de las Manzanas, lo primero que noté fue una calidez que estaba lejos de tener su origen en el clima de esta esquina poblana, sino en su gente. A pesar de la brisa fría que predominó mientras estas fechas avanzaban hacia el invierno, la hospitalidad fue algo inmediato.
En primer lugar, la gente nos regaló sonrisas, saludos y una amabilidad que ya no es posible encontrar en muchos lugares turísticos. En cuanto las calles empedradas nos recibieron; en cuanto las calles con sus piedras abandonadas por sus padres, yo sabía que estábamos ante un lugar que ya no era un lugar cualquiera, era uno de esos lugares que no se visitan, sino que se sienten.
De igual forma, la gastronomía que tienen es impresionante, sobre todo el pan delicioso que elaboran con esfuerzo y amor para aquellos que quisieran degustar una pieza de pan dulce; nos vemos con la necesidad de recomendar cualquier panadería que se encuentran a sus alrededores.
Zacatlán no quiere disfrazarse para impresionar; su autenticidad es el mayor atractivo el reloj floral en la plaza principal marca la hora y el Puente Cristal Mirador de la Barranca que son sus mayores atractivos de la zona que está abierto las 24 horas. Los murales de azulejo que los adornan cuentan la historia que estas obras de arte fueron creadas para conmemorar los 300 años de la fundación del municipio y se han convertido en un atractivo turístico emblemático de la región.
No me cabe la duda que Zacatlán de las Manzanas tiene mucho que ofrecer para cualquier persona que quiera visitarlo, es de esos lugares que se quedan en la memoria y en el corazón. Y cuando te vayas, lo único que vas a querer… es volver.

