Cholula Sabe a Cempasúchil y a Feria
Paola Campos, Puebla
Hay algo mágico en Cholula durante esta temporada. El "Sendero al Mictlán", ubicado en el Parque Intermunicipal con la pirámide de fondo, se ha convertido en una parada obligatoria. Y este año, al recorrerlo, no pude evitar hacerme una pregunta: ¿dónde termina la tradición y dónde empieza la feria?
No me malinterpreten: el evento es un éxito rotundo. La entrada es gratuita, un acierto que democratiza la cultura. El corazón del sendero es el "cementerio" simulado, adornado con un gusto exquisito, y las aproximadamente veinte ofrendas que lo rodean. Verlas de noche, con las luces de cempasúchil y las velas, es una experiencia que, como dice el video, "es completamente diferente". Es un golpe directo a la nostalgia y al respeto por nuestros difuntos.
Sin embargo, a pocos metros de esta solemnidad, el aire cambia. El olor a copal se mezcla con el de las crepas ($70 pesos, según vi) y las brochetas. La música de las bandas en vivo compite con el ruido de los juegos mecánicos. Una rueda de la fortuna ilumina el cielo, recordándonos que esto también es una verbena popular.
Lejos de ser una crítica, creo que en esta dualidad radica su éxito. El "Sendero al Mictlán" entiende perfectamente al público moderno. Atrae a las familias con la promesa de juegos, antojitos y música, y una vez allí, las sumerge de lleno en la tradición.
Quizás así es como las tradiciones sobreviven: adaptándose. Ya no es solo la ofrenda en casa; ahora es una celebración comunal que se comparte entre el misticismo de las velas y el placer de una pizza. Cholula logró encontrar el equilibrio perfecto entre el Mictlán y la feria del pueblo, y honestamente, es un plan que funciona.
